Aunque he dejado de lado la regularidad en la publicación de entradas en el blog, no podía dejar pasar el asunto de la semana: Wikileaks. Y con cierta perspectiva creo que he pasado del entusiasmo a la estupefacción para terminar en cierto desasosiego.
Entusiasmado al principio porque el lema ciberpunk de que la información quiere ser libre parece reaparece fugazmente como una tormenta de datos, algo que cambiará el mundo tal y como lo conocemos. Y en realidad ha sido y aún es una noticia sin precedentes donde los espías somos todos y nos sentimos un poco como dentro de una película de Bond, leyendo montones de cosas que en realidad no deberíamos estar leyendo, viendo como se las gastan las altas esferas de la diplomacia.
Se confirma que las cosas funcionan más o menos como creemos (a no ser que seamos unos ingenuos) pero que preferimos no saber. Que España es un estado más de EEUU, que el servilismo llega hasta límites insospechados, más allá de lo que es razonable para un estado soberano. Realmente es indignante que un país como España se haya bajado los pantalones y dilapidado el estado de derecho aceptando las presiones norteamericanas. Sorprende y a la vez no extraña.
El caso de José Couso, asesinado por militares americanos que iban a ser juzgados en España por la Audiencia Nacional fue bloqueado y obstaculizado por EEUU a través de su embajada, con el beneplácito y conocimiento de jueces y gobernantes. Y a nuestros políticos no se les cae la cara de vergüenza y hacen como que no ha pasado nada, tanto del gobierno como de la oposición. En esto parece que están todos de acuerdo, a Mr. Marshall no se le puede llevar la contraria.
O el caso de la ley Sinde, dictada párrafo a párrafo desde la embajada estadounidense y metida con calzador en la Ley de Economía Sostenible, porque claro, las descargas son el lastre económico del país ¿no?
No es que confiase demasiado en la clase política, esto solamente es uno más de sus desatinos. Tampoco en el poder judicial, donde su independencia del poder ejecutivo brilla por su ausencia, pero ahora es que además ambos poderes están al servicio de intereses norteamericanos. Esto pone además en entredicho el sistema entero, ¿por qué no van a ceder a presiones de bancos, terroristas, empresarios o simples delincuentes?
Tras este paso por la estupefacción, llega el estado de cierto desasosiego: Wikileaks lo cambia todo y no lo cambia nada. EEUU juega al gato y al ratón intentando desmantelar los servicios de la organización de Assange, como si de un grupo terrorista se tratase, sin demasiado éxito salvo que unas pequeñas molestias y avergonzar a respetadas empresas como Amazon o Paypal, que se han visto forzadas a cancelar sus cuentas y ofrecer patéticas disculpas (y digo forzadas porque no creo que lo hayan hecho sin coacciones). Y contraatacados por activistas que han hecho de estos servicios objetivos de sus ataques reivindicativos.
Por otro lado en España, el PSOE y PP miran hacia otro lado, como si con ellos no fuera el tema, pasando de puntillas por encima y obviando la obviedad. Supongo que son las consignas que les han dado desde Washington y centrándose en otros temas más interesantes como los controladores, que son gente muy mala.
Como colofón, os dejo el video del detenido y de futuro incierto Julian Assange explicando porqué el mundo necesita Wikileaks.