Como no podía ser de otro modo, a la vuelta de agosto no se me ocurre otro tema que no sean las vacaciones, que, aunque siempre ha sido este el mes por excelencia, parece que cada vez se tiende más a paralizar absolutamente todo.
Creo que a la mayoría si les preguntamos qué tal sus vacaciones nos responderán: cortas. Por lo menos a mí me pasa y no es que me hayan quedado cosas por hacer sino que simplemente, los días libres parecen pasar más deprisa que el resto. No nos engañemos, no pasan más rápido, solamente es que para 2 o 3 semanas, 4 los que más, hay que currar las otras 48 del año.
Lo mejor es que nos quejamos de todo: hasta en vacaciones nos quejamos de ellas. Por un lado que vas de viaje y todo es muy caro, que si se gasta mucho dinero, al final sumas todo y nos quejamos.
Por otro, que no nos privamos de nada, si hay que aprovechar el buffet del hotel se aprovecha, si hay que merendar se merienda y si hay que parar en cada bar a tomar una cervecita, se toma. Luego la báscula pasa factura y nos quejamos.
Y claro, no es lo mismo visitar lugares en los documentales de La 2 que ir en persona: cansa. Entre el calor, las horas de coche y los pateos interminables que dijo uno del pueblo que era media horita, acabamos hechos polvo cada día, ¡con lo bien que estaba en la oficina todo el día sentado!
Pero la queja más grande es el día que toca volver: ni las comilonas, ni las caminatas, ni el dinero gastado nos parecen grandes males comparados con pensar que hasta el año que viene nada de nada.
¡Bienvenidos de vuelta!
PD: Hoy pongo una foto hecha por mí en Sanxenxo, que fotos este verano he hecho unas cuantas.







