Si en alguna época del año estoy especialmente crispado, no tengo duda de que es en la semana de Fallas. Y es que por muchos motivos la ciudad se convierte en un pequeño infierno en el que unos pocos disfrutan y muchos que tienen que fastidiar con su diversión.
No todo son cosas malas. Me gustan por ejemplo las mascletaes, especialmente las de barrio el día de San José o los castillos, aunque me parecen algo aburridos, por lo menos los podemos disfrutar todos los que queremos ir a verlos. La ofrenda es entrañable, aunque últimamente con tanto control parece un desfile militar y siempre es bonito ver el manto de la Virgen cubierto de flores aunque uno sea medio ateo (no es devoción, solo plasticidad). También me gusta la música, donde cada vez que una comisión fallera va arriba y abajo se lleva siempre la banda detrás, aunque yo creo que antiguamente se oían más. Aun así, creo que es de las cosas que mejores recuerdos me trae y que echaría de menos si no me quedase en Valencia.
Lo de quemar las fallas ya me trae un poco sin cuidado, no tiene tampoco demasiado encanto salvo que estés en una de esas complicadas de quemar viendo a los bomberos como las pasan canutas para evitar que se queme nada; o bien cuando es un monumento alto y de repente se viene todo abajo. Pero en general es una tomadura de pelo porque se queman en pocos minutos bajo un espeso humo negro dada su composición actual de mucho corcho blanco y poca madera.
Me gusta también pasear por las calles abarrotadas sea la hora que sea y encontrarme viejos amigos y pasar perderme por calles del centro que no había visto en mi vida.
Pero todo lo bueno tiene un lado oscuro. Para empezar, no me gusta que corten las calles por puro capricho en muchas ocasiones, dado que los días de fallas no son festivos y hay mucha gente que tiene que desplazarse en coche creando atascos impresionantes. Y no se cortan solo por los monumentos sino también por las inmensas carpas que montan las comisiones falleras cual Hitler invadiendo Polonia, simplemente porque están más cómodos ahí que en el casal.
Por otro lado, la desconsideración por las personas que no estamos de vacaciones: no tendría queja si fuera el día siguiente festivo para mí y para todos, pero si tengo que madrugar, no me parece de recibo que estén las carpas con la música a todo volumen hasta pasadas las 3 de la madrugada y la gente tirando petardos. Sin olvidarnos por supuesto de la enorme cantidad de analfabetos funcionales (que por Valencia la media es bastante alta) que se dedican a molestar a los demás tirando borrachos en las multitudes o petardos de una potencia insana. Son las faltas de educación y respeto las que más me irritan y probablemente las que me causan esta tensión durante la época fallera.
Por otro lado, dado que las comisiones cortan nuestras calles y las ensucian visual y acústicamente, deberían ofrecer algo a cambio. Pero no, son como sectas donde las actividades solo las pueden disfrutar “los de la falla”. Pues me encantaría un día encontrarme en mi portal un cartel con las actividades que realiza la comisión, invitando a todo el vecindario a participar. Por ejemplo, hoy hay concurso de Paellas ¿porqué no puedo pagar una cuota y participar haciendo mi paella? Contribuiría a los fondos de la Falla, me lo pasaría bien (si me gustase hacer concursos de paellas, claro está) y seguramente mejoraría mucho la imagen que tengo de las comisiones.
A veces me han invitado a pasar por una Falla a tomar algo: siempre me parece que me estoy colando en una fiesta a la que no he sido invitado, donde todos me miran con cara de que soy forastero y no quieren saber nada de mí.
Tampoco me gusta en absoluto el uso folclórico que se hace de la fiesta, como una demostración de valencianía de lo más rancio que puede haber, por ejemplo haciendo discursos en valenciano por parte de gente que ni sabe ni quiere aprenderlo porque eso es “de pueblo”, pero les gusta usarlo en Fallas porque es más valenciano.
Espero, aunque lo dudo, que las Fallas del futuro sean unas fiestas donde todos podamos participar y a ser posible que nos den un par de días festivos para no tener que “sufrir” los ruidos sino ser parte de ellos.
¿Qué es lo que más os gusta y lo que menos de las Fallas?
Felices (o no) Fallas!
Bonita crónica de las fallas, aunque supongo que esto de hacerse mayor cambia mi perspectiva sobre las fallas y Valencia parece una ciudad sin ley, llena de puestos de buñuelos que huele a fritanga y de gente que está por civilizar.
Pero, eso sí, cada vez que suena la música estoy en el balcón viendo desfilar a las comisiones, deseosa de saber que fallas ha ganado el primer premio…
En conclusión, es como el yin y el yang.
Lo de los puestos de buñuelos es increíble, en algunos sitios los hay pegados unos a otros ¿tantos se venden?
En fin, la verdad que son unas fiestas bastante curiosas, lástima que algunos no saben aprovecharlas.
A mi me pone muy nervioso el tema de cortar las calles alegremente, este año ha sido bueno porque solo se cortaron a partir del 12, recuerdo otros que desde el dia 1 de Marzo me tuve que ciscar en la madre que pario a todo el gremio fallero durante 19 largos días.
Eso sí, en genera la fiesta me gusta, los buñuelos con chocolate, la mascletá, incluso entiendo la despertá, pero no las carpas ni poner la música como si estuviesemos en una macrodiscoteca para que los 2 falleros que hay en una carpa para 200 se queden sordos y 2000 personas sean incordiadas en una manzana.
Esta claro que las fallas nunca te dejan indiferente.
PD: ¿Os imaginais que os juntais 10 amigos y montais una carpa en medio de una calle con la música atronando los vecinos un dia cualquiera entre semana? ¿No? Solo hay que cambiar 10 “amigos” por 10 “falleros” y echo!!
@Q Tío, hazte fallero y podrás hacerlo. Incluso podrás dejar la música puesta hasta la hora que te dejen y irte a tu casa solo para joder a los vecinos.
Todos sabemos porqué tienen tanta influencia, no hay que cabrearlos desde los ayuntamientos o son votos perdidos.
Me sumo al comentario de Chel.
Es una relación de amor-odio el tema de las fiestas populares, no?
Supongo que sí, cada vez más odio que amor.