Feb 17, 2010 4
El amigo informático
Cada vez que veo a algún informático pringado en algún encargo de un supuesto amigo que le ha pedido un favorcillo, siempre me viene a la mente aquel gran sketch de la Hora Chanante. Y ¿quién no tiene un amigo informático? (espero que menos cabroncete que el del vídeo).
La verdad que es una profesión curiosa. No me imagino a alguien haciéndose unos planos para su nueva casa con el Autocad y luego llamar a su amigo arquitecto para que le ayude con “unos detalles”. O embozar el inodoro con montones de papel y llamar al primo fontanero a ver si puedes ahorrarte unos durillos. O preparar una comida en casa y pedirle a un cocinero que es cuñado de no sé quién que te haga una paellita. O el conocido cirujano al que le llaman para ver si tiene un ratillo para hacer unos retoques. En fin, ejemplos mil se me ocurren, vale que algunos están cogidos con pinzas, pero me he tomado la licencia de exagerar un poco.
No sé en mi vida cuantos Windows habré instalado, cuantas redes habré configurado, cuántas horas he perdido haciendo favores (y grandes) a mucha gente que no lo merecía (otros sí, todo sea dicho). Una cosa es que me guste trastear con ordenadores y otra muy distinta pasarme una tarde de domingo peleándome con un portátil que no quiere arrancar o limpiando un ordenador que tenía más virus y más barras de Internet Explorer de los que es capaz de detectar un antivirus. No es divertido, hay cosas mejores que hacer. Y como yo los hay a montones, aunque con los años he aprendido a decir: no.
Además hay muchos informáticos en paro que agradecerían tener un trabajo aunque fuera arreglando ordenadores de gente, que en vez de llamar al amigo informático, lo llevan a un lugar donde les atenderán profesionales a un precio muy razonable, comparado con muchos otros servicios que pagamos con alegría, con precios abusivos y llenos de caraduras.
Y tú ¿eres de los que pringa o de los que llama al amigo informático?
Nota: Por cierto, si eres informático o manitas con los ordenadores, que no se te suban a las barbas, que somos buena gente pero no es cuestión de que nos tomen por tontos. Aprende a decir que no.







