Palomas hay muchas: la paloma de la Paz, la paloma que envió Noé y volvió con una ramita de olivo, las palomas mensajeras, Paloma San Basilio, la Blanca Paloma y también las conocidas como palomitas de maíz. Pero de entre todas las palomas las peores son las palomas callejeras: las ratas del aire.
La historia de la paloma en general es bastante positiva, solamente hay que ver los ejemplos que ya he citado, son siempre positivos, la tierna imagen de una paloma blanca volando en libertad que tantas cosas significa. Pero todo ha sido cosa de marketing, una gran campaña publicitaria a lo largo de la historia para lavar la imagen de estos seres peculiares cuyo arrullo a las 6 de la mañana cuando amanece puede llegar a ser exasperante.
Por no hablar de la dieta de las palomas que nos cruzamos cada día por la calle: las he visto comer cosas que harían vomitar a una cabra (parafraseando a Rambo): excrementos, basura putrefacta, esputos, colillas, tropezones de vómito (su plato favorito) y un sinfín de cosas asquerosas que no me apetece recordar. Con razón luego sus deposiciones son medio radioactivas y como no se limpien rápido tienen efectos parecidos a la sangre de Alien, por suerte un poco más suaves.
Entonces ¿porqué las ratas dan tanto asco y la gente parece adorar a las palomas? Yo no veo la diferencia, salvo que unas son negras con larga cola y se esconden y las otras vuelan y se exhiben continuamente. Siempre ha habido clases.
Un guionista de Hollywood seguro que podría hacer una película de tipo 2012 pero basada en la rebelión de las palomas, al estilo de Los Pájaros de Hitchcock pero con mucho mucho caos y sobretodo explosiones y destrucción a raudales.
En fin, algún día espero levantarme por la mañana y ver solamente pajarillos simpáticos y no ratas voladoras. Hasta entonces, tened cuidado ahí fuera.
Aún recuerdo el día en que nos trasladamos de oficinas. Un edificio nuevo, limpio, con puertas de cristal y suelo de parquet, mucha luz. Tenía sus peculiaridades pero en general era una mejora respecto a las oficinas donde estábamos antes…. pero en los aseos nos esperaba una sorpresa: eran unisex.
Y es que la gente ha visto muchas series americanas, a la mente me viene Ally McBeal, pero hay muchas más, donde sitúan muchas escenas en este tipo de servicios, que la verdad dan mucho juego a los guionistas, pero en la vida real, por lo menos en los casos que conozco tienen un gran defecto: no funcionan.
Los primeros días ya empezaron a notarse las quejas, sobretodo de las pocas chicas que trabajaban en el edificio de que si estaban sucios, que si eramos unos guarros, que si esto no podía seguir así y un sinfín de quejas más. A la semana se hicieron unos carteles en papel en la puerta de uno de los servicios que ponía “chicas”, una conquista en toda regla. Con el tiempo, este cartel se oficializó y ahora hay uno acorde con la cartelería del edificio y dice “Mujeres / Minusválidos”, no sé en qué estaría pensando el que puso el rótulo.
Y es que a hombres y a mujeres no nos gusta en absoluto compartir la suciedad. En este caso los chicos tenemos las de ganar por motivos obvios y nuestros baños no es que estén precisamente en perfectas condiciones, pero a veces al pasar por delante del baño de las chicas no lo he visto tampoco como los chorros del oro, pero es suciedad de mujeres para mujeres.
Así que si eres arquitecto o interiorista, piénsatelo antes de hacer un baño unisex porque vas a necesitar un plan B para cuando todo el mundo empiece a quejarse. Aunque hayas pensado que es una gran idea que has visto en todas las pelis y era supercool, la realidad es dura.
¿Conoces algún servicio unisex que funcione? (No valen los de tu casa)
Cuando llegamos a una cola siempre nos creemos los más listos, miramos y miramos el personal que está esperando y seguimos ciertos patrones y criterios aprendidos, heredados o completamente aleatorios para elegir la que creemos firmemente que es la cola más rápida para terminar cuanto antes la espera.
En teoría de colas me enseñaron que la mayoría de las colas que hacemos en el MundoRealTM están mal planificadas dado que el sistema óptimo es tener una sola cola para todas las ventanillas o cajas dado que el tiempo medio de espera se reduce y es más ecuánime para todos.
Pero dado que la realidad es dura, yo tengo mis trucos para elegir cola, que no sirven para nada salvo para luego preguntarme qué he hecho mal y porqué estoy en la cola más lenta haga lo que haga:
- Cola con menos gente: Este es el criterio obvio. El 99% de la gente usa este criterio para decidir, dado que es muy simple y no hace falta pensar mucho. A pesar se eso, no es peor que el resto.
- Cola con menos bultos: Este es otro clásico, pero hay que ir con cuidado porque no es lo mismo llevar muchas cosas iguales que llevar muchas cosas distintas. Puedo llevar 400 botes de refresco y me costaría menos tiempo que si llevara un bote de cada variedad. Personalmente creo que es demasiado complicado evaluar la cantidad de elementos distintos, pero no es realmente peor que otros métodos.
- Cola más joven: No lo vamos a negar, la gente mayor va más despacio en general y tardan más cuando les toca el turno ¿o no? Yo ante dos colas iguales elijo la que tiene componentes más jóvenes, aunque luego siempre hay imprevistos (como que no les funciona la tarjeta).
- Cola sin niños: En el supermercado es indiferente pero en los aviones, los niños, y si encima llevan carro más, retrasan un montón la cola, parece que les vengan siempre por sorpresa y no saben qué es lo que hay que hacer.
- Colas conocidas: Siempre viene bien una cara amiga así que si conozco a la persona que está despachando y me cae bien, seguramente me pongo en su cola. Y por supuesto lo contrario, intento evitar a las dependientas de Mercadona que me caen mal porque prefiero salir de buen humor aunque tarde un poco más.
Aun así, aunque estos métodos han sido elaborados con el estudio de años y años de esperas, puedo concluir que por ley de Murphy, no importa la cola que elijas, siempre será la más lenta.
Hay muchos negocios que funcionan bien en verano, aprovechando el turismo y las vacaciones, otros hacen el agosto, valga la expresión, en navidades, con las compras de regalos y comida. Un caso curioso son los gimnasios: enero es su mes de apogeo, gracias a la energía que da el año nuevo y los buenos propósitos hacen muchos incautos, que aprovechan para iniciar una nueva y saludable vida deportiva.
Ayer cuando fui pude constatar que había casi el doble de gente que en diciembre: las clases abarrotadas, en la sala casi había que hacer cola, el vestuario parecía el metro en hora punta. Pero por suerte (para los que vamos habitualmente, claro) todas las buenas intenciones hechas sin duda bajo el efecto etílico de la nochevieja, duran poco para muchos. En un mes la mitad de los nuevos ya no vuelven, por no decir los que no pasan de la primera semana.
Y es que los propósitos de nuevo año se olvidan rápido: que si ir al gimnasio, que si aprender inglés, que si hacer dieta, que si tal que si cual. No sirve de nada proponerse cosas que realmente no se quieren hacer, porque aunque puede que se empiecen, sin la energía y la voluntad necesarias no se puede seguir adelante mucho tiempo.
Yo, como soy precavido y me frustra con cumplir lo que me he propuesto no he hecho ninguna declaración de intenciones especial para el nuevo año pero, ¿cuál ha sido tu propósito para este 2010? ¿crees que lo vas a cumplir? En caso afirmativo: mucho ánimo.
Si hay algún animal que no está dispuesto a sacrificar su paseo diario, ese es sin duda alguna el perro, un animal de costumbres como pocos hay en el mundo. Cada día, a la hora perruna, que viene a ser entre las ocho y las nueve de la tarde, el animalillo en cuestión se acerca a su dueño con esa carita de bueno que este, si le queda todavía algo de compasión, no tendrá más remedio que dejar cualquier tarea y salir a la calle, haga el tiempo que haga a pasear al paqueño de la casa y que haga sus necesidades en cualquier pipicán (o en otro sitio, que es mucho más probable). Estoy convencido de que si los perros no tuvieran cierto instinto de supervivencia que les empuja a pedir un paseo o la comida más de uno se olvidaría que tiene uno (estoy seguro que le ha pasado eso a algún gato).
Dicen que es bueno para los niños que tengan un perro, para mejorar su sentido de la responsabilidad y todas esas cosas, pero en realidad, al final los que lo tienen que cuidad son los abnegados padres de las criaturas, que se encuentran cada día por la calle durante la hora perruna y se saludan con un discreto “hola”, cuando no lo hacen con un leve movimiento de cabeza como diciendo “ei”. Mientras tanto los niños, que pidieron tener un perro hasta que agotaron la paciencia de sus progenitores y lo consiguieron, están calentitos en casa jugando a la Play.
Y es que tener un perro es muchas veces gratificante pero otras puede resultar muy sacrificado. Y no solo por tener que sacarlo a pasear todos los días sino que presenta otros problemas como por ejemplo qué hacer con él cuando quieres ir de vacaciones (abandonarlo no es una opción): No, no aceptan perros en los aviones ni en la mayoría de hoteles.
Así que si queréis un perro pensadlo antes de comprarlo o adoptarlo.