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Un punto de vista parcial y sesgado del MundoReal™

Spain is different: Más guarra (Parte 2)

Historia lamentablemente basada en hechos reales

Siguiendo la primera parte de este monográfico sobre las lamentables malas costumbres higiénicas de los españoles, esta segunda parte se remonta a este mismo verano, cuando pude disfrutar de unos días en la verde Escocia.

Uno puede pensar que está verde porque llueve mucho, lo que supongo que ayuda, pero que los descampados no estén llenos de escombros e inmundicia quizás también ayuda. Y es que esta gente, aunque robusta, algo basta y poco romanizada es bastante limpia y no acostumbra a llenar sus calles de mierda por no buscar una papelera.

Estábamos en una preciosa ruta por los Highlands, habíamos atravesado Glen Coe y aún estaba medio embelesado por los preciosos paisajes que acababa de presenciar, paramos en una especie de área de servicio en Fort William.

En la entrada del self service había dos preciosas papeleras, una a cada lado, pero un chaval de unos 15 años pareció no verlas y tiró un papel al suelo de alguna gorrinada que estaba comiendo. En ese momento, como por arte de magia apareció un lugareño (lo descubrí porque iba con kilt) de 1,90m y unos 120kg se aproximó corriendo al papel, lo recogió y le propinó una bonita bronca, de esas que uno se queda acojonado, al chaval en cuestión, devolviéndole amablemente su papelillo.

La madre que iba delante se quedó igualmente sorprendida ante la aparición y luego le dijo al chaval, que se había quedado quieto con cara de atontado (con más cara de atontado, mejor dicho) algo así como:

¿Eso es tuyo?

A eso le llamo yo cinismo.

En resumen, un precioso ejemplo de la cultura de la limpieza. Mientras aquí parece gustarnos la basura a montones parece que en Escocia hay unos monstruos vestidos con traje regional que se encargan de mantenerlo todo limpio. A ver si pensábais que lo hacían por gusto.

Spain is different: Más guarra (Parte 1)

Jugando con la basura...

Historia lamentablemente basada en hechos reales.

Andaba yo paseando con mi chica una tarde por las calles de Valencia en una tarde de primavera u otoño, no recuerdo exactamente y nos cruzamos con una abuela con dos de sus nietos. Aparentemente no era nada especial, nos encontramos abuelas con nietos continuamente mientras sus padres están por ahí de parranda o a lo mejor trabajando, aunque casi es más posible que estén en las colas del INEM.

La abuela en cuestión, empezó a desembalar lo que parecía una merienda de tipo bocadillo, con un poco de suerte para los niños sería de Nocilla, que todos sabemos que los abuelos miman a los nietos y son los que los hacen engordar hasta sobrepasar el nivel de obesidad permisible, por culpa, claro, de los padres que les dejan pasar demasiado tiempo con ellos.

Tras quitar todo el envoltorio de papel de aluminio, la mujer ni corta ni perezosa, ante la mirada atónita de los chavales dejó caer el desecho metálico delante de nuestras narices. Los menores parecían confusos, dado que su entrañable abuela había hecho todo lo contrario a lo que los esforzados maestros les enseñan como pueden en la escuela.

A todo esto, mi chica espetó:

- Oiga, ¿sabe que existen las papeleras?

A lo que la vieja respondió:

- Para eso están los barrenderos.

Para mis adentros pensé, hay que decirlo más.