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Un punto de vista parcial y sesgado del MundoReal™

El abrefácil

Ya escribí en su momento sobre los blisters, pero otro de los inventos demoníacos del empaquetado del siglo XXI son los abrefáciles, especialmente los de los bricks de leche.

Hace unos cuantos años, casi desde que se inventó el Tetra Brik, el abrefácil siempre había sido algo de baja tecnología, levantabas la solapa, doblabas un poco a un lado y a otro y estirabas. Con un poco de suerte y algo de pericia ahorrabas tener que ir al cajón a por unas tijeras. Pero en realidad no era nada molesto, muchos directamente recurrían a las tijeras directamente y menos líos.

Pero hubo algún listo que consideró que el abrefácil de siempre no era lo suficiente high-tech para el siglo XXI, de modo que consiguió convencer a la gente de que sería mucho mejor poder cerrar los bricks con un tapón… y empezó el fin. Vale, cerrar el cartón con un taponcillo no está nada mal, pero se podrían haber currado más las anillas de plástico para abrir el envase.

Yo ya no me ando con rodeos, directamente cojo un cuchillo con punta y corto alrededor de la anilla porque cada vez que estiro de la maldita cosa de plástico se rompe y además de que me hago daño, como se haya abierto a medias salpica por todas partes… menudo invento. ¿Es que no prueban las cosas? ¿No se han dado cuenta que la anilla esa no funciona y es un gran fail?

Y eso por no hablar de otros abrefáciles que directamente no son tales. Yo creo que en algunos envases le dicen al diseñador gráfico: “Oye, acuérdate de poner un abrefácil por algún sitio, ¿vale?” y él responde “Vale, lo pongo aquí en una esquina para que no moleste”. Y claro, luego eso a saber dónde va a parar y coges el paquete de patatas fritas y miras el abrefácil y quedas pensativo pensando “O soy tonto o por aquí no hay forma de abrirlo por aquí”. Lo abres como toda la vida tirando hasta que cede.

Suelo comprar unos paquetes de café que tienes incluso una explicación en 3 pasos de cómo abrir los malditos ladrillos de café, que si levantando unas solapas, tirando de un lado en dirección opuesta al otro. Yo nunca lo he conseguido, debe ser algún tipo de mecanismo secreto o incluso mágico. Seguro que alguno ha llamado al servicio de atención al cliente y se han descojonado un rato al decirles “He seguido las instrucciones y no puedo abrir el paquete” y le responden “No son instrucciones en realidad, son señales para los extraterrestres, ábralo con unas tijeras. Ya se sabe, por lo de la globalización”. Yo siempre acabo cortando con unas tijeras. Tijeras y cuchillos. Creo que pueden abrirlo todo menos las botellas de vino.

La próxima vez que veáis un abrefácil, pensad antes que quizás está ahí por casualidad o por algún otro oscuro motivo y no tiene porqué ser el modo más sencillo de abrir el envase. A veces coincide, pero no es premeditado.

Los blisters

Stupid packagingLos blisters son esos inventos del demonio que envuelven los productos modernos y que no hay forma de abrirlos si no es con un buen par de tijeras. Pero ahí no acaba la cosa, cortando el susodicho, es fácil dar un tajo a las instrucciones que vienen embutidas en el envase, que una vez abierto parece imposible que estuviera todo allí dentro.

Y es que más que abrirse, los blisters son destripados. A veces haces un cortecito y parece que con eso se va a abrir, empiezas a estirar de los dos lados y eso no se separa, hay que seguir con la operación. Peor es el caso en que sí se separan cuando la fuerza aplicada es completamente descontrolada y el contenido del blister se esparce por el mundo. Con suerte todo queda en un susto, pero los embutidores de blisters no tienen piedad, igual de ponen unas pelotas de pimpón que bombillas o aparatos electrónicos: no hay fronteras para los blisters.

Al final, los tijeretazos dejan el blister en un estado irreconocible, un puzle de cachos de plastico duro y cortante que ocupan todo el espacio de la basura de los envases ¿cuál es la gracia de todo esto?

Pues la gracia es que una vez abierto el blister, a ver quien se atreve a ir a devolver el producto. Qué pereza recomponer de nuevo el desastre creado y además ¿qué dirán en la tienda? ¿cómo van a dejarme devolver ese montón de basura? Y no es para menos, porque los productos que salen del blister ya no pueden volver a entrar así que en la tienda pondrán todo tipo de pegas para que lo devuelvas, ya que ellos tampoco pueden empaquetarlos como vienen de fábrica porque solo en China saben hacer blisters como esos, los demás son burdas copias. ¡Incluso hay quien usa cajas de cartón! Menudo desperdicio de papel, mucho mejor el plástico, y cuanto más duro mejor.

Así que ya lo sabéis, lo que sale de un blister, nunca más vuelve a entrar en él. Estáis advertidos.

Schwarzkopf vs Omino Bianco

SchwarzkopfA un lado del ring el cabezón teutón, sobrio como él solo, icono de la profesionalidad: la seria y formal cabeza negra de Henkel con sus productos para el cuidado capilar. Al otro lado, el hombrecillo negro de camiseta blanquísima de Bolton, al que no le salen ronchas en las axilas y podría anunciar perfectamente desodorantes.

Tienen algo en común, los dos son negros y no creo que sea porque están sucios, teniendo en cuenta los productos que anuncian. Lo de Schwarzkopf se entiende, significa “cabeza negra”, no se andan con rodeos, debe ser porque los alemanes no pillan el doble sentido. Lo del Omino Bianco tiene más delito: si es “hombrecillo blanco” ¿porqué narices es negro? Yo creo que al principio era blanco con camiseta negra pero parecía un guiri y además lo que queda blanco es la ropa y no el que la lleva, que se lleva el bronceado. Así que algún diseñador avispado invirtió los colores y se quedó tan ancho.

Me he ido un poco del tema de este post, que pretendía ser una reflexión de lo que molan los nombres en idiomas germanos y lo poco que gustan en los latinos. Siempre me hace gracia el nombre de Omino Bianco, “hombrecillo blanco” en italiano, desde luego una figura original para representar detergentes, aunque creo que Don Limpio convence más, es como el Mr.T de la limpieza.

Omino BiancoY hasta que no tenía ni papa de alemán, Schwarzkopf me parecía un nombre mucho más serio, pero luego descubrí que era “cabeza negra”. Eso me pasa por no mirar el dibujo, porque está bastante clarito. Imaginemos por un momento que Schwarzkopf se llamase Cabeza Negra: no parece un nombre muy comercial especialmente para un champú, aunque eso sí, mucho más pronunciable que “esbarzcopf”.

Y es que nos encantan los nombres en lenguas ajenas (especialmente en inglés) pero siempre me pregunto cómo ven esos nombres los hablantes de esas lenguas. Es decir, ¿para un alemán tener un champú que se llama Schwarzkopf es igual que si aquí tuvieramos uno llamado Cabeza Negra? Desconozco la respuesta. Por lo que veo por Internet a los italianos les parece gracioso el nombre de Omino Bianco (o por lo menos que sea negro) y es que no es para menos, porque aunque está bien aludir a la blancura para anunciar detergentes, hombrecillo blanco es un nombre bastante peculiar.

Nota: Entrada editada porque la original no tenía ninguna gracia, he intentado inspirarme y darle un pobre toque de humor. Lo siento, no doy para más, lo seguiré intentando.